un libro de Wayne Dyer, un terapeuta que describía cómo había sido encontrar su pasión y su propósito en la escritura y la docencia; Lolly, mi pareja, me hablaba del interés y la curiosidad intensos que le producían ciertos temas o experiencias, y yo empecé a pensar que quizá no había nacido con el “gen de la pasión”, si es que había tal cosa.