conozco Santiago al dedillo, les puedo hablar, por ejemplo, de la traída de aguas y alcantarillado a la ciudad de principios de siglo... de los cuatro automóviles que había por entonces, que eran el del obispo, el de Balandrón, el de Harguindey y el nuestro, y, además, tengo muchas anécdotas, ¡viví tan intensamente...!