No me propuso romper: simplemente desapareció. «¿Qué estará haciendo en este momento? –me preguntaba obsesivamente–. ¿En qué está pensando, qué está sintiendo?». Como si no fuera más que un producto de mi imaginación, me asombraba que hubiera una realidad alternativa en la que su vida siguiera avanzando sin mí. «Si él hubiera sido de otra manera, si se hubiera comportado bien, ¿qué habría pasado? ¡Habría funcionado!»