literatura en México es una gerontocracia. Los viejos son celebrados por cumplir años; los jóvenes son mirados con recelo y tratados con displicencia. Y los talleres, en general, son espacios en los que se liman todos los ángulos de la escritura, homogeneizando y quitándole el filo o la rareza a un texto. Durante tres años viví gracias a becas de ese estilo, oponiendo al sistema de talleres una tozudez hiperbólica.