La vocación literaria comienza por asumir que la escritura es un problema. La página en blanco no se supera por medio de un dichoso automatismo. Hay que escoger entre una palabra y otra, eliminar repeticiones, evitar la rima involuntaria, esquivar el adverbio estruendoso y el adjetivo exagerado, encontrar el tono justo, colocar una alusión que evite la literalidad, crear mensajes que se sobrentiendan. El estilo literario genera la ilusión de un idioma privado, compartido en forma íntima entre el autor y el lector.