Así que la memoria parece un cajón repleto de papeles, algunos sin la menor importancia, documentos de un solo uso, recibos de la lavandería o facturas de la compra de unas botas de invierno o de una tostadora de las que en casa no queda ni rastro. Pero también hay otros, multiuso, que certifican no ya acontecimientos, sino procesos completos: el carnet de vacunación de la niña, el expediente estudiantil con las hojas llenas hasta la mitad con sus sellos semestrales, el certificado del examen de Estado, el del curso de corte y confección.