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Eduardo Galeano

El fútbol a sol y sombra

Este libro rinde homenaje al fútbol, música del cuerpo, fiesta de los ojos, y también denuncia las estructuras de poder de uno de los negocios más lucrativos del mundo.
«La tecnocracia del deporte profesional –escribe el autor— ha ido imponiendo un fútbol de pura velocidad y mucha fuerza, que renuncia a la alegría, atrofia la fantasía y prohíbe la osadía. Por suerte todavía aparece en las canchas, aunque sea muy de vez en cuando, algún descarado carasucia que se sale del libreto y comete el disparate de gambetear a todo el equipo rival, y al juez, y al público de las tribunas, por el puro goce del cuerpo que se lanza a la prohibida aventura de la libertad.»
Cuando era niño, Galeano quería ser jugador de fútbol, pero sólo jugaba bien, y hasta muy bien, mientras dormía. Escribiendo este libro, ha querido hacer con las manos lo que nunca pudo hacer con las piernas.
Esta nueva edición incluye un capítulo sobre el Mundial 2014.
423 afgedrukte pagina’s
Auteursrechteigenaar
Bookwire
Oorspronkelijke uitgave
2019
Jaar van uitgave
2019
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Citaten

  • Adal Cortezciteerde uit4 maanden geleden
    Este torneo terminó siendo una Eurocopa, sin latinoamericanos, ni africanos, ni nadie que no fuera europeo en las etapas finales.
    Salvo la selección ecuatoriana, que jugó lindo aunque no llegó lejos, fue un Mundial sin sorpresas. Algún espectador supo resumirlo así:
    —Los jugadores tienen una conducta ejemplar. No fuman, no beben, no juegan.
  • Adal Cortezciteerde uit4 maanden geleden
    Un periodista preguntó a la teóloga alemana Dorothee Sölle:
    —¿Cómo explicaría usted a un niño lo que es la felicidad?
    —No se lo explicaría —respondió—. Le tiraría una pelota para que jugara.
  • Adal Cortezciteerde uit4 maanden geleden
    En todo el mundo, por medios directos o indirectos, la tele decide dónde, cuándo y cómo se juega. El fútbol se ha vendido a la pantalla chica en cuerpo y alma y ropa. Los jugadores son, ahora, estrellas de la tele. ¿Quién compite con sus espectáculos? El programa que en 1993 tuvo la mayor audiencia en Francia y en Italia fue la final de la Copa europea de campeones, que disputaron el Olympique de Marsella y el Milan. El Milan, como se sabe, pertenece a Silvio Berlusconi, el zar de la televisión italiana. Bernard Tapie no era el dueño de la televisión francesa, pero su club, el Olympique, había recibido de la pantalla chica, en 1993, trescientas veces más dinero que en 1980. Razones no le faltaban para tenerle cariño.

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