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Fernando Pessoa

Cartas a Ophélia

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«26 de septiembre de 1929
Ophelinha pequeña:
No sé si me quiere, pero voy a escribirle esta carta por eso mismo. Como me dijo que mañana evitaría verme entre las cinco y cuarto y las cinco y media en la parada del tranvía que no es de allí, allí estaré exactamente. Sin embargo, como se da la circunstancia de que el Sr. Ingeniero Álvaro de Campos tiene que acompañarme mañana durante gran parte del día, no sé si será posible evitar la presencia —por lo demás agradable— de ese señor durante el viaje a ciertas ventanas cuyo color ahora no recuerdo. El viejo amigo al que me acabo de referir, tiene además algo que decirle. Se niega a darme cualquier explicación de lo que se trata, pero espero y confío que, ante su presencia, tendrá ocasión de decirme, o decirle, o decirnos, de qué se trata. Hasta entonces permanezco silencioso, atento e incluso expectante. De modo que hasta mañana, boquita dulce, Fernando».
Cuarenta y ocho cartas y dieciséis poemas de amor dan testimonio del secreto y sublime romance entre el poeta portugués y la joven Ophélia de Queirós. Una correspondencia forjada en los años decisivos de la producción literaria de Fernando Pessoa. El prólogo de Antonio Tabucchi reflexiona sobre este curioso epistolario al que el gran artista plástico Antonio Seguí ha dedicado una serie de exquisitas estampas.
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Impressies

  • emanondeelde een impressie2 jaar geleden
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    Hermoso

  • Pepe Luis Perezdeelde een impressie6 jaar geleden
    👍De moeite van het lezen waard

Citaten

  • emanonciteerde uit2 jaar geleden
    ¿Cuándo podremos encontrarnos a solas en cualquier parte, amor mío? Siento la boca muy extraña, sabes, por no recibir besitos desde hace tanto tiempo… ¡Mi Bebé para sentar en el regazo! ¡Mi Bebé para darle mordiscos! Mi Bebé para… (y después mi bebé es malo y me pega…). Yo te llamé «cuerpito de tentación», y lo sigues siendo, pero lejos de mí.
    Ven aquí, Bebé; ven a los brazos de tu Nininho; pon tu boquita contra la boca de tu Nininho… Ven… Estoy tan solo, tan sólo de besitos.…
    Quien pudiera tener la seguridad de que sientes verdaderas saudades de mí. Por lo menos, eso sería un consuelo… Pero tú, si cabe, piensas menos en mí que en el muchacho del galanteo y en D.A.F. y en el contable de C.D.&C. ¡¡¡¡¡Mala, mala, mala, mala, mala…!!!!!
    Azotes es lo que tú necesitas.
    Adiós; voy a echarme dentro de un cubo cabeza abajo para que mi espíritu descanse. Así es como hacen todos los grandes hombres, al menos cuando tienen: 1.º espíritu; 2.º cabeza; 3.º cubo donde meter la cabeza.
    Un solo beso que dure todo el tiempo que dure el mundo, de tu, siempre muy tuyo,
    Fernando (Nininho)
  • emanonciteerde uit2 jaar geleden
    IX
    Guiso al estilo de Oporto
    Un día, en un restaurante, fuera del espacio y del tiempo,
    me sirvieron el amor como guiso frío.
    Dije delicadamente al misionero de la cocina
    que lo prefería caliente,
    que el guiso (y era al estilo de Oporto) nunca se come frío.
    Se impacientaron conmigo.
    Nunca se puede tener razón, ni en un restaurante.
    No comí, no pedí otra cosa, pagué la cuenta,
    y me fui a pasear por la calle.
    ¿Quién sabe qué quiere decir esto?
    Yo no lo sé, y me pasó a mí…
    (Sé muy bien que en la infancia de todos hubo un jardín,
    particular o público, o del vecino.
    Sé muy bien que nuestro juego era dueño de él.
    Y que la tristeza es de hoy).
    Sé eso muchas veces,
    pero, si yo pedí amor, ¿por qué me trajeron
    guiso al estilo de Oporto frío?
    No es plato que se pueda comer frío,
    pero me lo trajeron frío.
    No me quejé, pero estaba frío.
    Nunca se puede comer frío, pero vino frío.
    Álvaro de Campos
  • emanonciteerde uit2 jaar geleden
    VIII
    De la musique
    Ah, poco a poco, entre los árboles antiguos,
    la figura de ella emerge y yo dejo de pensar…
    Poco a poco, de la angustia de mí voy yo mismo emergiendo…
    Las dos figuras se encuentran en el claro al pie del lago…
    … Las dos figuras soñadas,
    porque esto fue solo un rayo de luna y una tristeza mía,
    y una suposición de otra cosa,
    y el resultado de existir…
    ¿Verdaderamente se habrán encontrado las dos figuras
    en el claro al pie del lago?
    (… Pero, ¿y sí no existieran?…)
    … ¿En el claro al pie del lago?…
    Álvaro de Campos
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