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Begoña Ugalde

Marca personal

Beatriz corre para alejarse de algo a lo que no quiere pertenecer. Una relación fallida, el deber ser que corresponde a una mujer como ella. El arte incomprendido por todos quienes la rodean. Begoña Ugalde en este relato, nos sugiere una violencia a propósito de los mandatos que corresponden a ser una mujer que no se adecua y que se sale de fila.
29 afgedrukte pagina’s
Auteursrechteigenaar
Bookwire
Oorspronkelijke uitgave
2020
Jaar van uitgave
2020
Uitgeverij
Neón Ediciones
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Impressies

  • Marcia Ramosdeelde een impressie6 jaar geleden
    👍De moeite van het lezen waard

  • Valentina Javieradeelde een impressie6 jaar geleden
    🎯De moeite waard

Citaten

  • Cristian David Hernandez Chavesciteerde uit3 jaar geleden
    Aliviada, camina entre los regadores encendidos que le mojan las pantorrillas. Disfruta de ese cosquilleo unos minutos, mirando los pequeños arcoíris que se forman sobre el pasto con la luz de la mañana. Se inclina hacia ellos para mojarse la cara y el pelo. Toma agua a grandes sorbos aunque el sabor es malo. Por fin se siente del todo despierta y dueña de su cuerpo. La luna menguante todavía está ahí, cómplice, a punto de desaparecer en el celeste grisáceo del cielo.
  • Cristian David Hernandez Chavesciteerde uit3 jaar geleden
    Al colgar sintió una mezcla de alivio y agotamiento. Sentada sobre las baldosas frías se vio a sí misma comenzando todo de nuevo. Metiendo sus cosas en cajas. Aceptando cualquier trabajo que le ofrecieran. Se imaginó también que cuando la música acabara, volvería pedaleando lentamente a la que había sido su casa esos meses, dormiría un poco y después pasaría el día moviéndose en silencio por las habitaciones, pensando en qué chucha hacer. Si ni siquiera había alcanzado a aprenderse el nombre de sus vecinas.
  • Cristian David Hernandez Chavesciteerde uit3 jaar geleden
    Despertó cuando estaba oscureciendo y estuvo un rato en su taller, mirando los cuadros que tenía a medio pintar. El olor a trementina y aguarrás era asfixiante. Los ojos achinados de sus retratos la miraron, como pidiéndole una explicación. Ahora comprendía que había pintado esos rostros sin captar sus detalles, su profundo cansancio, porque ni siquiera era del todo consciente del suyo.

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