–de aquella primera mañana de orfandad que ahora, veintitrés años después, parpadea en mi memoria como la primera mañana de la historia, como si hasta entonces mi vida perteneciera al territorio del mito y de golpe alguien me hubiera expulsado del paraíso, haciéndome caer, por una oxidada resbaladilla, en el territorio sucio y violento de la historia.